lunes, 15 de diciembre de 2008

La negra herencia del Polytexneio (El escritor Márkaris analiza la frustración de los jóvenes griegos y la incompetencia del Gobierno)


DIARIO PÚBLICO


Kostas Jaritos se monta en su viejo Mirafiori, se adentra por las calles que rodean su barrio y no las reconoce: coches quemados, escaparates rotos, tiendas destrozadas y un olor que hiere hasta en los ojos. Se los frota: nunca había visto nada igual. Ninguno de los muchos asesinatos que ha resuelto en la ciudad de Atenas se había desarrollado en un escenario tan dramático. Claro que sus casos son el producto de la imaginación de Petros Márkaris y el escritor de novela policíaca más famoso de Grecia jamás había ideado un panorama tan desolador.
"¿Cómo podría? Esta situación está fuera de control", asegura Márkaris, cuando se le pregunta qué haría el súper agente Jaritos ante los disturbios que han sacudido la última semana a Grecia. "El Gobierno ha perdido el control del país, no sabe adónde va y ni siquiera tiene una mayoría suficiente para decidir", prosigue el escritor griego, indignado. Jaritos, una suerte de Pepe Carvalho, apenas le sirve para explicar un panorama que contempla desde el pesimismo. Su personaje más célebre es un policía íntegro, en un país que convive mal con la Policía.
"¿Pero qué puede hacer la Policía cuando no tiene una dirección política que la guíe y ningún ministro asume la responsabilidad de las decisiones que se toman o se dejan de tomar?", apunta Márkaris.
"Grecia no ha logrado dar el paso institucional, político y de mentalidad para que la Policía sea percibida como un órgano más del sistema democrático", razona Pedro Olalla, miembro del Centro de Estudios Helénicos de Harvard y también escritor. "Los griegos tienen aún los recuerdos de la dictadura muy frescos y ven a la Policía como un elemento hostil, como un enemigo", abunda Olalla.
"Este fenómeno no es nuevo ni repentino", afirma Márkaris. "Desde hace unos cuatro años prosigue el escritor griego, cualquier manifestación genera violencia. ¿Por qué? Porque los griegos viven una realidad que no les satisface; porque, desde hace siete años, sólo se habla de escándalos, del enriquecimiento ilícito de los políticos que parece imposible de parar; porque este panorama, en vez de mejorar, empeora".
El color de sus novelas tiñe la perspectiva de Márkaris, muy crítico también con los manifestantes. "Estas marchas no conducen a nada: sólo generan más violencia", afirma el escritor griego. "Y ni Gobierno ni oposición hacen nada por cambiar las cosas", abunda.
Lección mal aprendida
Frente a los que rescatan con tintes épicos el pasado delPolytexneio centro de la revuelta desde la muerte del joven Alexis Grigoropoulos a manos de un policía y desde la que en 1973 se puso fin a la dictadura de la Junta Militar, Márkaris expone: "Toda aquella historia nos dejó una fatal herencia: la idea de que las universidades pueden ser ocupadas y echadas abajo; la impresión de que la gente joven siempre tiene razón; y una generación de políticos incompetentes".
"¿Acaso hay algo que pueda justificar este grado de violencia, estos destrozos?", se pregunta enojado. "Si el informe balístico desmiente la impresión general de la gente de que el policía asesinó al chaval, entonces lo destrozarán todo; será el caos absoluto", pronostica Márkaris.
No todo el mundo es tan pesimista. "Toda esta revuelta puede y debe conducir hacia algo mejor; si no, será una derrota moral", concluye Pedro Olalla, apelando a la evolución de las sociedades.

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